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Diez segundos: lo que de verdad cambia cuando cambiar es gratis

No es una cifra de folleto. Que cambiar un precio cueste diez segundos y no una imprenta cambia decisiones que se toman todo el año.

«Cambias un precio en diez segundos» suena a frase de folleto. Pero el número importa, y no por lo que se tarda: por lo que se decide.

Lo que pasa cuando cambiar cuesta

Con carta de papel, cambiar un precio significa rehacer el documento, mandarlo a imprenta, esperar y pagar entre 100 y 260 €.

Así que la conversación es siempre esta:

«¿Subo el arroz? Habría que rehacer la carta. Lo dejo para la próxima.»

Y «la próxima» es dentro de seis meses. En esos seis meses, cinco platos con el precio de hace un año, a cincuenta raciones al mes cada uno, son varios cientos de euros que se pierden sin que nadie lo apunte en ningún sitio.

Lo que pasa cuando cambiar es gratis

La conversación desaparece. Se sube el día que sube el proveedor.

Y eso arrastra otras cosas:

  • Se prueba un plato nuevo, porque quitarlo no cuesta nada.
  • Se reordena una sección para ver si vende más.
  • Se apaga lo que no funciona en vez de aguantarlo.
  • Se repercute cada subida por separado, así que el cliente no ve una subida general.

El coste que desaparece y el que aparece

Desaparece el de la imprenta. Aparece otro: el de acordarse.

Cuando cambiar es difícil, hay un momento obligatorio en que se revisa todo: la reimpresión. Cuando es fácil, no hay ningún momento obligatorio, y por eso muchas cartas digitales acaban desfasadas.

La solución es montar ese momento a propósito: quince minutos al mes, con la carta abierta y los precios de la caja al lado.

Y el papel

Se sigue reimprimiendo, pero cuando toca —al cambiar la temporada— y no cada vez que se mueve un número. Como sale de los mismos datos, cuando se imprima dirá lo correcto sin que nadie tenga que revisarlo.

Ese es el cambio de verdad: no que se tarde diez segundos, sino que ya no haya que elegir entre tener el precio bien o no gastar.

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