Carta digital para un bar pequeño, sin saber de informática
No hace falta tener veinte mesas ni a alguien que sepa de tecnología. Lo que necesita un bar de barrio, lo que no necesita, y qué se puede dejar para más adelante.
Casi todo lo que se escribe sobre cartas digitales está pensado para restaurantes de treinta mesas. Un bar de barrio con seis mesas y una barra tiene otras necesidades, y la mitad de lo que le venden no le hace falta.
Lo que sí le sirve a un bar pequeño
La pizarra que no se borra
En un bar, lo que cambia es el día. Hoy hay callos, mañana no. Cada plato tiene un interruptor: se apaga cuando se acaba y desaparece de la carta.
Eso es lo que en un local pequeño se nota más, porque no hay una brigada: hay una persona que además está sirviendo, y no puede repetir quince veces que el pulpo se ha acabado.
Los alérgenos, resueltos
Es una obligación legal y en los bares pequeños es lo que peor suele estar, porque no hay nadie dedicado a mantenerlo. Se marcan una vez en cada plato y ya está.
El papel, que sigue haciendo falta
Para la puerta y para la barra. Se saca en PDF desde el icono de la impresora y sale de los mismos datos, así que nunca dice un precio distinto. Si tienes carta larga, ponlo a dos columnas: una carta de veintidós hojas se queda en la mitad.
Lo que puede esperar
No hace falta empezar con todo. Estas cosas están ahí cuando las necesites y no antes:
- Otros idiomas. Si no recibes turistas, no lo toques.
- Menús. Si no tienes menú cerrado, no lo montes.
- Analytics. Mirará bien dentro de dos meses, cuando haya visitas que mirar.
- El diseño. Ponlo decente y sigue. Se afina cuando la carta esté llena.
Lo que de verdad cuesta trabajo
Meter los platos. Ochenta fichas son un par de horas la primera vez, y no hay atajo: es escribir nombre, precio y alérgenos.
Dos cosas que lo hacen más llevadero:
- Mete todos los platos seguidos, sin pensar en qué sección van. Un plato no pertenece a una carta: se crea una vez y luego se coloca. Ordenar es después, y se hace arrastrando.
- Duplica el que se parezca a otro que ya tengas y cambia lo que cambie.
El QR: una vez y para siempre
Se descarga en SVG o PDF —los que no pierden calidad— y se imprime. No caduca y no cambia aunque rehagas la carta entera.
Para seis mesas y la puerta, con una tirada de diez pegatinas decentes vas servido. Y antes de encargarlas, imprime una en folio y escanéala con la luz de tu bar.
Lo de «no sé de informática»
Si sabes usar WhatsApp y hacer una foto, sabes usar esto. Lo que se hace todos los días son dos cosas: apagar un plato y cambiar un precio. Las dos se hacen desde el móvil y son un toque.
Lo demás se aprende el día que haga falta, y para eso está la ayuda.
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