Blog · Cartas de vinos

Bodegas con visitas: la cata, la tienda y el vino, en el mismo QR

Una bodega que recibe visitas vende tres cosas distintas. Cómo enseñarlas juntas y por qué la tienda es la que peor suele estar contada.

Una bodega que abre al público vende tres cosas: las visitas, la cata y el vino. Y casi siempre están en tres sitios distintos: un cartel, la web y una lista de precios impresa en la tienda.

Todo bajo el mismo código

PortadaDentro
Visitas y catasVisita guiada · Cata comentada · Visita + comida
Nuestros vinosTintos · Blancos · Especiales
TiendaBotellas · Cajas · Regalo
RestauranteSi lo hay

Un QR en recepción, otro en la sala de catas y otro en la tienda. El mismo.

Las visitas son productos

Con descripción larga —cuánto dura, qué se ve, cuántos vinos se catan, si incluye picoteo— y varios precios en la misma ficha: adulto, niño, grupo.

Ese último dato es el que más se pregunta por teléfono y el que casi nunca está escrito.

La tienda, que es donde está el margen

Aquí está lo que peor se cuenta. Cada vino con su ficha:

  • Añada y variedades.
  • Nota de cata en dos líneas.
  • Cuánto puede guardarse.
  • Precios: botella, caja de seis, caja de doce. En una sola ficha.

Y si haces envíos, dilo en la descripción, con el mínimo de pedido.

Lo que rota

Las añadas se acaban. Cada referencia tiene su interruptor: se agota, se apaga; entra la nueva añada, se cambia el número y se enciende.

Y las visitas de temporada —vendimia, Navidad— se apagan el resto del año.

Los alérgenos

Sulfitos, que en vino son obligatorios. Y si haces catas con maridaje, los del picoteo.

Y el enlace, después de la visita

El momento en que alguien acaba de catar tu vino y está contento es cuando más compra. Un QR en la salida, o en la tarjeta que se entrega, con la tienda a un toque.

Es la venta que hoy se pierde porque el visitante «ya lo comprará por internet» y luego no lo hace.

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