Blog · Cartas digitales

Gastrobares: la carta corta que cambia cada semana

Doce platos, mercado y cambios constantes. La carta corta es una ventaja comercial, pero solo si el cliente puede verla actualizada.

Un gastrobar trabaja con carta corta: diez o doce platos que cambian según el mercado. Es una decisión de cocina y también comercial: una carta corta se lee entera y transmite que hay criterio.

El problema es que una carta que cambia cada semana no se puede imprimir cada semana.

Por eso aquí la digital no es un extra

Es lo que hace posible el modelo:

  • Se cambia el jueves y está cambiada el jueves.
  • El plato que se acaba se apaga y desaparece.
  • Los platos que salen de temporada no se borran: se apagan y vuelven.

A los dos años tienes un catálogo de doscientos platos de los que enseñas doce, y montar la carta de la semana es encender y apagar.

La descripción, que aquí es todo

En un gastrobar el nombre del plato suele ser telegráfico: «Coliflor, avellana, café». Eso funciona en sala porque lo explica el camarero.

En la carta, la descripción larga hace ese trabajo: qué es, cómo está hecho, de dónde viene el producto. Es lo que justifica que un plato de verdura cueste 14 €.

El maridaje, sin carta de vinos larga

Un gastrobar no suele tener una carta de vinos de cincuenta referencias: tiene ocho, y rotan. Misma solución: sección de vinos con su interruptor por referencia, y copa y botella como dos precios de la misma ficha.

Y como un producto se coloca donde haga falta, ese vino se puede citar en la ficha del plato con el que va.

Lo que dirá Analytics

Con carta corta, los datos son mucho más legibles: doce platos, y ves de un vistazo cuál se mira y cuál no.

Si un plato lleva tres semanas sin que nadie lo abra, no es que no guste: es que no se entiende por el nombre. Y eso se arregla en la descripción, no en la cocina.

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