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Marisquerías: el peso, el precio y las dos letras que nadie quiere leer

Precio por kilo, piezas por ración y «SM». Cómo llevar una carta de marisco que diga la verdad cada día sin reimprimir.

En una marisquería la carta cambia con la lonja y el papel no puede seguir el ritmo. De ahí las dos letras de siempre: SM, según mercado.

Es honesto y espanta: el cliente no sabe si el percebe le va a costar treinta euros o setenta, y muchos, antes que preguntar, piden otra cosa.

El precio del día, puesto cada día

Cambiar un precio son diez segundos desde el móvil y sale al instante. El precio de hoy se pone hoy, con su número, y las dos letras sobran.

El peso, en la ficha

Un producto lleva varios precios: «por kilo», «media ración», «ración», «por pieza». Es uno, no cuatro. Cuando cambia la lonja, se cambia una vez.

Y en la descripción corta, el dato que evita la mitad de las discusiones:

«Precio por kilo · la ración son unos 300 g»

Lo que hoy no ha entrado

Se apaga. Y no se borra: la ficha con su descripción, sus alérgenos y su foto se queda esperando a que vuelva.

En una casa de producto eso pasa a diario, y es la función que más se usa.

Los alérgenos, que aquí son casi todos

Crustáceos, moluscos, pescado, sulfitos en algunos preparados. Marcados con su icono en cada pieza.

Y en marisco hay una advertencia que conviene poner en la descripción larga y casi nadie pone: la contaminación cruzada en cocina. Si no puedes garantizarlo, dilo. Esa honestidad se agradece y vuelve.

Y el vino, que es la mitad del ticket

Como un producto se crea una vez y se coloca donde haga falta, el mismo albariño puede estar en la carta de vinos y citado en la ficha del marisco, con un precio que se cambia una vez.

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