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Carta digital y TPV: qué se conecta y qué no hace falta conectar

La pregunta llega siempre: «¿se conecta con mi TPV?». La respuesta honesta depende de qué esperas que pase, y en muchos locales la respuesta buena es que no hace falta.

«¿Se conecta con mi TPV?» es la pregunta que más se hace y la que peor se contesta, porque cada uno entiende una cosa distinta por «conectar».

Las tres cosas que se pueden querer decir

1. Que los precios sean los mismos. Es lo que casi todo el mundo quiere de verdad. Y se resuelve con disciplina, no con tecnología: se cambia en un sitio y en el otro el mismo día.

2. Que el pedido del cliente entre en cocina. Eso ya no es la carta: es un sistema de comandas. Existe, pero es otro producto y otro precio.

3. Que el cobro se haga desde el móvil. Otra cosa más, con pasarela de pago detrás.

Cuándo hace falta de verdad

Si tienes mucho volumen y poco personal en sala, que el pedido entre solo compensa el lío de montarlo.

Si tienes veinte mesas y dos camareros que se saben la carta, no. El camarero es más rápido y comete menos errores que un cliente peleándose con un formulario.

El coste que no se cuenta

Toda integración hay que mantenerla. Cuando el TPV actualiza, cuando cambias de proveedor, cuando alguien crea un plato en un sitio y no en el otro. Eso es trabajo recurrente.

Y la mayoría de las integraciones que se contratan acaban usándose a medias.

Lo que sí conviene resolver primero

Antes de pensar en integrar nada:

  1. Que la carta esté al día. Una carta desfasada integrada con el TPV sigue estando desfasada.
  2. Que los alérgenos estén bien.
  3. Que alguien mire Analytics una vez al mes.

Eso vale más que cualquier conexión, y no cuesta nada.

Y si de verdad lo necesitas

Entonces conviene mirar el TPV, no la carta: es el TPV el que tiene que ofrecer una forma de entrada de pedidos. Hay quien se dedica a eso — un TPV pensado para hostelería resuelve la parte de comandas mejor que un añadido a la carta.

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