Las reseñas de Google mueven más clientes que casi cualquier otra cosa, y pedirlas es incómodo. El camarero no quiere, el cliente se siente presionado y al final no se pide.
Hay un momento que resuelve eso: el cliente ya tiene el móvil en la mano porque acaba de mirar la carta.
El enlace, dentro de la carta
En los servicios digitales de la carta se puede poner el enlace a tu ficha de Google o a donde quieras que valoren.
No es un cartel en la pared que se ignora: está en la pantalla que el cliente ya tiene abierta, y a un toque.
Cuándo funciona
Al final de la comida, no al principio. Si aparece nada más escanear, molesta.
Lo que hacen algunos sitios y funciona: la frase en el ticket o en la cuenta —«si te ha gustado, cuéntalo»— y el enlace en la carta para cuando la vuelvan a abrir.
Lo que no hay que hacer
Ofrecer algo a cambio. Google lo penaliza y además se nota en las reseñas: se leen falsas.
Pedirla a todo el mundo. Se pide a quien ha estado bien. Si la mesa ha tenido un problema, lo que toca es arreglarlo, no pedir una estrella.
Lo que la carta hace por las reseñas sin que se lo pidas
Esto es lo interesante: la mitad de las reseñas malas de restaurantes hablan de cosas que la carta puede evitar.
- «Los precios de la carta no eran los de la cuenta.»
- «Pedí algo y no lo tenían.»
- «No sabían decirme si llevaba gluten.»
- «Tardó cuarenta minutos y nadie avisó.»
Las cuatro se resuelven con una carta al día, con el interruptor de los platos, con los alérgenos marcados y con el tiempo de espera escrito en la descripción.
Eso vale más que cualquier campaña para pedir reseñas.
Y si esto es un frente serio
La reputación online es un oficio propio: hay quien se dedica a posicionamiento y a gestión de reseñas y hace en tres meses lo que uno solo no hace en dos años.
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