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Ocho errores al montar la carta digital (los he visto todos)

Ninguno es grave y todos cuestan tiempo o ventas. Del orden de trabajo a la sección de veinte platos, pasando por el QR impreso en JPG.

Ninguno de estos errores rompe nada. Todos cuestan tiempo, ventas o las dos cosas, y todos se arreglan en un rato.

1. Empezar por las secciones

Es el más común. Se crean «Entrantes», «Carnes» y «Postres» vacías y luego se van metiendo platos dentro de cada una, volviendo atrás cada vez.

Al revés se tarda la mitad: mete todos los platos seguidos en «Productos», sin pensar dónde van, y luego arrástralos. Un plato no pertenece a una carta.

2. Duplicar un plato porque está en dos sitios

El mismo vino en «Bebidas» y en el «Menú del día» es el mismo vino. Si lo creas dos veces, tendrás que cambiar el precio dos veces, y un día cambiarás solo uno.

3. Crear un producto por cada tamaño

Ración y media ración no son dos platos. Copa y botella tampoco. Es una ficha con dos precios.

4. Secciones de veinte platos

No se leen: se ojean, y lo que se ojea se decide por precio. Pártela: las secciones anidadas no tienen límite. Tres listas de siete se leen; una de veintiuno, no.

5. Poner el mejor plato el séptimo

La gente lee los tres primeros de cada sección. Lo que más margen te deja no puede estar abajo.

6. Mandar el QR a la imprenta en JPG

El JPG y el PNG son para WhatsApp. Para imprimir, SVG o PDF: no pierden calidad por mucho que se amplíen. Un QR con los bordes dentados tarda más en leerse o no se lee.

7. Dejar el diseño para el final… o para el principio

Para el principio es peor: eliges colores con la carta vacía y luego los cambias igual. Móntalo cuando haya platos dentro, que es cuando se ve de verdad.

8. Borrar en vez de apagar

El plato que se acabó se apaga. Borrarlo significa volver a escribir la ficha entera —descripción, alérgenos, precio, foto— cuando vuelva.

Y uno que no es un error, es una costumbre

Montarla entera antes de publicarla. No hace falta: los cambios salen al instante, así que la carta se mejora sirviendo. Lo único que conviene revisar antes de enseñarla es que ningún plato se haya quedado sin precio.

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