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Carta en varios idiomas: lo que funciona y lo que da vergüenza ajena

Traducir la carta entera es un botón. Lo que no es automático es que quede bien. Qué repasar siempre y qué no traducir nunca.

En una zona turística, la carta en inglés no es un extra: es la diferencia entre que una mesa pida tres platos o pida lo que reconoce.

Cómo se monta

En Gestión › Ajustes › General › Datos, abajo del todo, en el bloque Idiomas. Añades los que quieras y marcas cuál es el tuyo con «Hacer principal»: ese es el original desde el que se traduce todo lo demás.

Ojo con una confusión habitual: el idioma del panel, justo encima, es otra cosa. Es en qué idioma lo ves tú mientras trabajas, y no afecta a la carta.

Al cliente le aparece un selector, y quien llega con el móvil en inglés la ve en inglés sin tocar nada.

Traducir toda la carta de una vez

Justo debajo de los idiomas hay un botón: «Traducir toda la carta». Eliges idioma, le das, y traduce nombres y descripciones de todos los platos. Con doscientos platos tarda un par de minutos: deja la pestaña abierta y verás la barra avanzar.

Y ahora, lo importante: repásalo

La traducción automática es buena con las frases y mala con los nombres propios. Lo que hay que mirar siempre:

Los platos que no se traducen. Pulpo a feira, pisto manchego, fabada. Son nombres, no descripciones. Se dejan como están y se explican debajo.

Los ingredientes con doble sentido. «Lomo» y «solomillo» acaban en cosas raras. «Rabo de toro» tiene traducciones que espantan.

Las medidas y las raciones. «Media ración» no significa nada fuera de España: hay que explicarlo, no traducirlo.

Las marcas. Un vino, un queso con denominación o una cerveza local se quedan igual.

La regla corta

Traduce lo que explica y deja lo que nombra. Un buen resultado es: nombre original en grande, y debajo, en la descripción, qué es en el idioma del cliente.

Eso además vende más, porque el nombre en español forma parte de lo que el turista ha venido a probar.

Cuánto trabajo es de verdad

Lanzar la traducción: dos minutos. Repasar una carta de ochenta platos: cuarenta y cinco minutos la primera vez, y luego solo lo que cambies.

Es la mitad de lo que cuesta pedir presupuesto a un traductor, y lo tienes hoy.

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