Traducir la carta: los errores que dan vergüenza ajena y cómo evitarlos
Traducir la carta entera es un botón. Que quede bien no es automático. Qué platos no se traducen nunca, qué palabras se rompen, cómo explicar las raciones y qué contarle al turista que no sabe cómo se come aquí.
Todo el mundo ha visto alguna vez una carta traducida que da risa: el «pulpo a la gallega» convertido en «Galician octopus woman», el «rabo de toro» con una traducción que nadie quiere pedir o la «media ración» traducida palabra por palabra. Una carta así no solo vende menos: le dice al turista que el local no se ha tomado la molestia.
Qué idiomas poner y cómo decidirlo está en la carta en varios idiomas: cuáles poner. Este artículo va de que la traducción quede bien.
La regla: traduce lo que explica, deja lo que nombra
La mayoría de errores vienen de traducir nombres de platos como si fueran frases. Un plato típico tiene un nombre propio, y el turista ha venido, en parte, a probar eso.
Lo que funciona es dejar el nombre original y explicar debajo qué es, en el idioma del cliente:
Pulpo á feira Boiled octopus with potatoes, olive oil, sea salt and paprika.
El nombre se queda en español o en la lengua del sitio. La descripción explica. Así el plato conserva su identidad y el cliente sabe qué va a comer.
Los errores de siempre
Hay una lista de fallos que se repiten en casi todas las cartas traducidas: nombres propios convertidos en frases, cortes de carne sin equivalente, medidas españolas que fuera no significan nada. Están explicados uno a uno, con ejemplos, en los siete errores al traducir la carta al inglés. Lo que sigue va de lo que esa lista no cubre.
Las raciones, explicadas
El turista no sabe si una ración es para uno o para cuatro. En la versión traducida merece la pena añadir lo que en español se da por sabido: «Sharing plate, for 2–3 people». Es la frase que más pedidos de más o de menos evita.
Mantener las traducciones al día
El problema de una carta traducida casi nunca es el primer día, sino el tercer mes. Entra un plato nuevo, se cambia una descripción, se apaga un postre, y las versiones en otros idiomas se quedan atrás. Tres hábitos lo evitan:
- Cada plato nuevo, traducido el mismo día. Si esperas a tener diez, no lo harás.
- Al cambiar de temporada, repasa solo lo nuevo. Lo que ya estaba traducido y no ha cambiado no hace falta volver a tocarlo.
- Abre la carta en cada idioma una vez al mes, desde el móvil, como la vería un cliente. Es la forma más rápida de ver un plato sin traducir o una frase que quedó a medias.
Lo que el turista no sabe de cómo se come aquí
Una carta traducida es también una buena ocasión para contar en una línea lo que al de fuera le sorprende y que en español nadie explica. En el texto al pie de la carta o en el aviso de arriba:
- Los horarios: que la cocina abre a la una y media o a las ocho y media, y no antes.
- El menú del día, que muchos no conocen y que es lo mejor que pueden pedir a mediodía.
- Si el pan o el aperitivo se cobran, para que no haya sorpresas en la cuenta.
Cómo revisarla sin hablar el idioma
No hace falta saber alemán para mejorar una carta en alemán. Tres trucos:
- Pide a alguien del equipo o a un cliente habitual que lo hable que le dé una vuelta a los platos más pedidos. Con veinte platos se cubre la mayoría de los pedidos.
- Vuelve a traducir al español lo que ha salido. Si al volver no se reconoce el plato, la traducción es mala.
- Empieza por lo que más se vende. Una carta con los diez platos principales bien traducidos da mejor impresión que una con cien mal traducidos.
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