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Reservas: lo que la carta puede hacer y lo que no

Una carta digital no es un sistema de reservas y no debería fingir que lo es. Qué sí resuelve y cómo se conectan las dos cosas sin liarlo.

Conviene decirlo claro: una carta digital no gestiona reservas. Ni disponibilidad, ni mesas, ni avisos. Quien te venda que sí, te está vendiendo otra cosa con otro nombre.

Lo que sí hace es la parte de antes, que es la que más se descuida.

La reserva empieza mirando la carta

Nadie reserva a ciegas. Antes de reservar, la gente mira:

  • Cuánto cuesta.
  • Si hay algo que le apetezca.
  • Si hay algo para el celíaco de la mesa.
  • Dónde está y a qué hora abre.

Todo eso está en la carta. Si está bien, la reserva llega; si no, se va al de al lado.

Lo que hay que tener a punto para eso

Quien abre la carta desde Google o desde Instagram no está sentado: está decidiendo. Así que:

  • La imagen de cabecera bien elegida.
  • El horario y la dirección correctos, en Gestión › Ajustes › General › Datos.
  • El teléfono pulsable para llamar.
  • Los precios al día.

El enlace a tu sistema de reservas

Si usas una herramienta de reservas —la que sea— su enlace va dentro de la carta, en los servicios digitales. Así, quien está mirando la carta puede reservar sin buscar nada.

Es un botón, no una integración. Y funciona.

Lo que sí resuelve la carta en grupos

Aquí sí aporta de verdad. Una comida de veinte personas se decide dos semanas antes por WhatsApp, y lo que se necesita es enseñar el menú de grupos.

Se manda el enlace, que siempre dice los precios de hoy, en vez de un PDF que se queda viejo. Y como los menús de temporada se apagan cuando terminan, nunca se manda uno que ya no existe.

Y lo que dirá Analytics

Las visitas fuera de horas de comida —media mañana, media tarde— son gente planificando. Si esa franja sube después de poner el enlace en Google, sabes que el trabajo está funcionando.

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