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Carta a medida o de plantilla: dónde merece la pena gastarse el dinero

Una carta hecha a medida cuesta lo que cuesta y suele quedarse quieta. Qué se resuelve con ajustes y cuándo compensa de verdad pagar por diseño.

Cuando alguien monta su carta digital y no le convence cómo se ve, la primera tentación es pagar un diseño a medida.

Antes de eso, conviene saber qué se resuelve sin gastar nada.

Lo que ya se puede tocar

En Gestión › Ajustes › Diseño de la carta:

  • Los colores: fondo, texto, precios, títulos de sección.
  • La tipografía, que es lo que más carácter da.
  • La imagen de cabecera.
  • El tamaño de las fotos y los separadores.

Con eso, una carta se puede parecer bastante a la casa. Y una tarde bien empleada ahí resuelve el noventa por ciento de los «no me gusta cómo se ve».

Lo que no arregla el diseño

Y es donde suele estar el problema de verdad:

  • Una sección de veinte platos se ve mal con cualquier tipografía.
  • Un plato sin descripción no vende aunque esté en la fuente más bonita del mundo.
  • Una carta con fotos de estilos distintos se ve descuidada por buena que sea la paleta.

Antes de pagar diseño, arregla eso. Es gratis y se nota más.

Cuándo sí compensa a medida

Tres casos:

  1. Tienes una identidad de marca fuerte y la carta se sale de ella de forma evidente.
  2. Eres una cadena y la coherencia entre locales tiene valor comercial.
  3. La carta es parte de la experiencia que vendes: un restaurante de alta cocina, un cóctel bar con ambientación fuerte.

Fuera de esos tres, el dinero rinde más en fotos de plato que en diseño.

El orden que funciona

  1. Monta la carta con los platos dentro.
  2. Ajusta colores y tipografía con la carta llena, no vacía.
  3. Haz las doce fotos que importan.
  4. Y solo entonces, si sigue sin convencerte, plantéate el diseño.

Elegir colores con la carta vacía es lo que hace que luego haya que cambiarlos igual.

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