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Carta infantil: la sección que decide si una familia entra o sigue

Una familia con dos niños elige restaurante mirando si hay algo para ellos. Cómo montar esa sección para que se vea desde fuera y no sea la de siempre.

Una familia con dos niños no elige restaurante por la carta de adultos. Elige por si hay algo que se puedan comer los peques sin drama.

Y esa decisión se toma antes de entrar, mirando el QR de la puerta o la carta desde el móvil.

La sección tiene que verse desde el principio

Una sección de primer nivel es la que aparece en la portada al escanear. «Para los peques» tiene que estar ahí, no escondida al final de la carta de adultos.

En treinta segundos, esa familia sabe si sí o si no.

Lo que hay que poner y casi nunca está

Los alérgenos, bien marcados. En una carta infantil no es un trámite: es lo primero que mira un padre con un niño alérgico, y si no está, no entra.

Las etiquetas propias: «Sin gluten», «Sin lactosa», «Sin fritos». Son tuyas y son las que contestan las preguntas de verdad.

Las cantidades. «Ración infantil» no dice nada. «Media hamburguesa con patatas» sí.

Si se puede adaptar. Si un plato de la carta normal se puede hacer en versión pequeña, ponlo. Vale más que la sección infantil entera.

El precio. Con IVA y sin «consultar».

Lo que hay que dejar de hacer

Las cartas infantiles de casi todos los sitios son la misma: nuggets, macarrones, hamburguesa, y todo frito.

Poner dos opciones no fritas —una pasta con tomate, una pechuga a la plancha con puré— es lo que hace que unos padres elijan tu sitio y no el de al lado. Cuesta cero en cocina y se nota en la decisión.

El resto de lo que importa a una familia

Cosas que no son la carta pero se miran a la vez, y que van en Gestión › Ajustes › General › Datos o en la descripción:

  • Si hay tronas.
  • Si hay cambiador.
  • Si la terraza es cerrada.
  • Si se puede calentar un potito.

Escrito una vez, contesta la llamada que hoy te hacen quince veces por semana.

Y una advertencia

Si la sección infantil está y no se sirve —porque el cocinero no la quiere hacer los sábados— apágala los sábados. Es peor prometerla y no darla que no tenerla.

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