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La carta que se comparte: cómo un cliente te trae otro

Antes, recomendar un sitio era decir un nombre. Ahora es mandar un enlace. Qué tiene que tener tu carta para que ese enlace haga su trabajo.

El boca a boca ha cambiado de formato. Antes era «tienes que ir a Casa Marina». Ahora es un enlace mandado por WhatsApp.

Y ahí tu carta hace de tarjeta de presentación ante alguien que no te conoce de nada.

Lo que ve quien recibe ese enlace

No está sentado en tu mesa: está en el sofá, decidiendo si le apetece. Y mira, por este orden:

  1. La imagen de cabecera. Es lo primero y ocupa media pantalla.
  2. Los precios, para hacerse una idea.
  3. Si hay algo que le apetezca.
  4. Dónde está y a qué hora abre.

Si las cuatro están bien, ese enlace acaba en una mesa. Si la imagen de cabecera es una foto de archivo y el horario está mal, no.

Lo que hay que tener a punto

La imagen de cabecera. Que sea tuya y buena. Es lo que más trabaja de toda la carta para quien llega de fuera.

El horario correcto, incluido cuándo cierra la cocina.

El teléfono pulsable. Quien acaba de decidir quiere llamar en ese momento.

Los precios al día. Los va a comparar con el sitio de al lado.

Lo que hace que se comparta

Nada de esto sirve si nadie manda el enlace. Lo que hace que se comparta:

  • Que sea fácil de encontrar. En Google, en Instagram y en el WhatsApp Business.
  • Que se lea bien en el móvil. Un PDF no se reenvía: se descarga, y ahí se pierde la mitad.
  • Que tenga algo que enseñar. Doce fotos buenas dan más ganas de mandarlo que ochenta malas.

Cómo saber si está pasando

En Analytics, las visitas fuera de las horas de comida. Media tarde, noche del jueves. Esa gente no está en tu local: está decidiendo, y casi todos vienen de un enlace que alguien les mandó.

Si esa franja crece mes a mes, el boca a boca digital está funcionando. Y eso no lo mide ninguna otra cosa que tengas.

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