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Instagram y la carta: enseñas el plato y no dices cuánto vale

Publicas una foto, la gente pregunta el precio en comentarios y contestas uno a uno. El enlace de la carta resuelve eso y algo más.

El patrón se repite en todos los perfiles de restaurante: se publica una foto buena de un plato, llegan diez comentarios preguntando el precio y alguien los contesta uno a uno.

Y el que no pregunta, no viene.

El enlace, en tres sitios

1. La biografía. Es lo primero que se mira al entrar al perfil. Ahí va la carta, no la web genérica.

2. Las historias, cada vez que enseñas un plato. Con el enlace, quien lo ve puede mirar el precio y decidir en ese momento.

3. El mensaje automático de los mensajes directos, si lo tienes.

Por qué el enlace y no un PDF

  • Se lee en el móvil sin hacer zoom, que es el único sitio donde se usa Instagram.
  • Dice lo de hoy. Un PDF que subiste hace tres meses tiene los precios de hace tres meses.
  • Y sobre todo: funciona en un toque. Un PDF hay que descargarlo.

Lo que hay que tener bien para ese tráfico

Quien llega desde Instagram no está sentado en tu mesa. Está en el sofá decidiendo si ir el sábado. Así que:

  • La imagen de cabecera de la carta es lo primero que ve. Que sea buena.
  • El horario y la dirección, correctos.
  • El teléfono pulsable.
  • Y los precios al día, porque los va a comparar.

Cómo saber si funciona

En Gestión › Analytics, las visitas fuera de las horas de comida. Ese pico —media tarde, noche del jueves— es gente planificando, y casi todo viene de redes.

Si publicas algo y esa franja sube al día siguiente, ya sabes qué tipo de publicación te trae gente. Y eso vale más que los «me gusta».

Y una cosa que se puede probar

Publica el mismo plato dos veces: una con el precio en la publicación y otra sin él, con el enlace. Mira cuál trae más visitas a la carta.

En digital estas cosas se pueden medir, y casi nadie las mide.

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