Todos los locales tienen un día flojo. Y casi todos lo aceptan como un hecho.
Con una carta que se puede cambiar en diez segundos, se pueden probar cosas y —esto es lo importante— medir si funcionan.
1. Un plato que solo está ese día
No una oferta: un plato. «Los martes, arroz de bogavante». Se enciende el lunes por la noche y se apaga el miércoles.
Funciona mejor que un descuento porque no compite con tu precio del resto de la semana. Y si no funciona, se apaga y nadie se ha enterado.
2. El banner, con una sola cosa
Arriba del todo de la carta, lo primero que se ve:
«Martes de arroces: 18 € por persona»
Una línea, concreta y con precio. Un banner con tres mensajes no lo lee nadie.
Y se enciende y se apaga solo ese día.
3. Un menú que solo existe ese día
Precio cerrado, tres o cuatro platos. Se monta una vez, se apaga y se enciende los martes.
Cómo medir si sirve
En Analytics, las visitas de los martes comparadas con las de antes. Y las consultas de ese plato concreto.
Con tres o cuatro martes ya se ve si hay algo. Y si no lo hay, se apaga y se prueba otra cosa — que es lo que con carta de papel no se puede hacer.
Lo que no suele funcionar
El descuento general. Baja el ticket de quien iba a venir igual y no trae a nadie nuevo.
El «2x1». Trae a quien busca 2x1, que es quien no vuelve el resto de la semana.
Dejarlo puesto tres meses. Un banner que lleva desde marzo deja de verse.
Y compartirlo
De nada sirve si solo lo ve quien ya está sentado. El enlace de la carta el lunes por la noche en el estado de WhatsApp y en el Instagram es lo que hace que alguien decida venir el martes.
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