Muchos restaurantes compran mejor de lo que cuentan. Trabajan con un ganadero concreto, con una huerta del pueblo o con una lonja, y en la carta pone «carne de la zona».
Ese es el trabajo comercial que se está regalando.
El nombre vale más que el adjetivo
Compara:
| Lo que suele poner | Lo que vende |
|---|---|
| Queso artesano | Queso de la quesería de los Hernández, en El Hierro |
| Carne de la zona | Ternera de Salamanca, de la ganadería de Los Robles |
| Verdura de temporada | De la huerta de Paco, a ocho kilómetros de aquí |
| Pescado fresco | De la lonja de Ribeira, subastado esta mañana |
La columna de la derecha justifica el precio. La de la izquierda es lo que dice todo el mundo.
Dónde va
En la descripción larga, la que solo se ve al abrir la ficha. Ahí caben las tres o cuatro líneas que no entran en un listado.
Y en la corta, si es muy corto: «De la huerta de Paco» cabe.
Lo que conviene contar de un productor
- Quién es, con nombre.
- Dónde está, y si es cerca, decir cuánto.
- Qué hace distinto: la raza, la variedad, el tiempo de curación.
- Desde cuándo trabajáis juntos, si son años.
Ese último dato es el que más confianza da y el que nadie pone.
Y una advertencia
Solo funciona si es verdad. Escribir «de la huerta de Paco» cuando el producto viene de un mayorista es exactamente el tipo de cosa que un cliente descubre y comenta.
Si compras a un mayorista, no pasa nada: entonces el argumento es otro —el precio, la constancia, la variedad— y también se puede contar.
Lo que se puede hacer hoy
Coge los cinco platos que más margen te dejan. De cada uno, escribe en la descripción larga de dónde viene el ingrediente principal, con nombre.
Cinco párrafos, una tarde. Y en Analytics, dentro de tres semanas, se ve si esos platos han subido de consultas.
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