Cuando suben los proveedores hay dos formas de reaccionar, y con carta de papel solo se puede una.
Lo que pasa con papel
Los precios suben en marzo. Reimprimir cuesta y da trabajo, así que se aguanta. En septiembre se rehace la carta y se sube todo de golpe, un 8 % o un 10 %.
Dos consecuencias:
- Seis meses de margen perdido. Cinco platos con el precio viejo, a cincuenta raciones al mes, son varios cientos de euros.
- El cliente lo nota. Una subida general y visible se comenta, y a veces acaba en una reseña.
Lo que se puede hacer en digital
Cambiar un precio son diez segundos. Así que se puede repercutir el día que sube el proveedor y solo en lo que ha subido.
Eso significa:
- Sube el aceite → suben los cuatro platos que llevan mucho aceite.
- Sube el pescado → sube el pescado.
- No sube nada → no sube nada.
Nadie percibe una subida general porque no la hay. Y no se pierden seis meses de margen.
El orden que funciona
- Mira qué ha subido de verdad, no lo que crees.
- Cruza con tu escandallo: qué platos usan eso y en qué proporción.
- Sube esos, redondeando a algo legible.
- Y mira en Analytics dentro de tres semanas si esos platos han bajado de consultas.
Ese último paso es el que nadie da y el que te dice si te has pasado.
Lo que no conviene hacer
Subir solo los que más se venden. Es lo tentador y es lo que más se nota: el cliente habitual conoce el precio de lo que siempre pide.
Subir en céntimos raros. De 12 a 12,35 € se lee peor que de 12 a 12,50 €.
Bajar el tamaño en vez del precio. Se nota más que el precio, y sienta peor.
Y el papel
Se reimprime cuando toque —al cambiar la temporada—, no cada vez. Entre reimpresiones, el móvil manda y sale del mismo sitio, así que cuando se imprima, dirá lo correcto sin que nadie tenga que revisarlo.
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