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El restaurante de un hotel: dos clientes que no quieren lo mismo

El huésped y el cliente de fuera buscan cosas distintas en la misma carta. Cómo servir a los dos sin tener dos cartas.

El restaurante de un hotel tiene dos públicos con necesidades opuestas:

  • El huésped, que va a comer ahí tres días seguidos y quiere variedad.
  • El cliente de fuera, que va una vez y quiere saber si merece la pena.

La misma carta tiene que servir a los dos.

Lo que necesita el huésped

Saber qué cambia cada día. Si el menú rota, que se vea. Una sección «Hoy» con lo del día resuelve la sensación de comer siempre lo mismo.

El room service. Con sus horarios, y apagado cuando la cocina cierra.

El desayuno. Con lo que incluye y hasta qué hora.

Lo que necesita el cliente de fuera

El precio, pronto. Un restaurante de hotel arrastra fama de caro. Si los precios están a tres pantallas de distancia, esa persona se va.

Que se pueda reservar sin ser huésped. Dicho explícitamente, porque mucha gente asume que no.

Dónde está la entrada. Suena tonto y es una de las cosas que más se pregunta: si el restaurante tiene entrada propia o hay que pasar por recepción.

Eso va en los datos de la casa o en la descripción de la sección.

Cómo se monta

PortadaPara quién
HoyHuésped
CartaLos dos
DesayunosHuésped
En tu habitaciónHuésped
Menús de grupoFuera

Un QR en las habitaciones y otro en la puerta de la calle. El mismo código: no hace falta separarlos, porque cada uno mira lo suyo.

Los horarios, que aquí son lo que más falla

Cada sección con su interruptor. El desayuno se apaga a las once, el room service se enciende cuando cierra el restaurante.

Y en el banner, lo que evita las quejas: «Cocina de 13:00 a 16:00 y de 20:00 a 23:00».

Y los idiomas

En un hotel no son un extra. Con los idiomas contratados, cada huésped ve la carta en el suyo, y eso ahorra media jornada de recepción explicando qué es un salmorejo.

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