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La carta de la terraza: sol, viento, frío y el suplemento que hay que avisar

La terraza es otro comedor, con otras reglas. Qué carta poner fuera, cómo avisar del suplemento, qué hacer con el viento y el frío, y en qué casos el papel sigue siendo la mejor opción.

En muchos locales, la terraza factura en verano tanto como el comedor. Y casi siempre se le pone la misma carta que dentro, como si fuera la misma mesa con otro techo. No lo es: el cliente de terraza pide otras cosas, se queda otro tiempo y lee la carta en otras condiciones.

Una carta más corta fuera

La cocina no da para lo mismo cuando la terraza está llena y el camarero tiene que cruzar la calle con la bandeja. Muchos locales que funcionan bien hacen esto:

  • Carta de terraza reducida, con lo que sale rápido y aguanta el viaje: raciones, tapas, ensaladas, bocadillos y algún plato frío.
  • Los platos que no llegan bien a la mesa de fuera, que se enfrían en dos minutos o que necesitan emplatado delicado, solo dentro.
  • Más bebida a la vista. En terraza se pide más bebida que comida, y una sección de bebidas clara vende más que la carta entera de dentro.

En la carta digital, esa carta de terraza puede ser una sección o un menú aparte, con su propio QR para las mesas de fuera. Los platos no se escriben dos veces: los que están en las dos cartas son la misma ficha.

El suplemento, avisado antes

Si la terraza tiene suplemento, el cliente tiene que saberlo antes de pedir, no al ver la cuenta. Es una de las reclamaciones más frecuentes en verano y casi siempre por lo mismo: el suplemento estaba en un cartel pequeño en la puerta o no estaba en ningún sitio.

Lo más claro es poner los precios de terraza directamente en la carta de terraza, ya con el suplemento sumado. Si prefieres mantener los mismos precios y añadir el suplemento aparte, que esté escrito arriba de todo, en el aviso de la carta, y no al final.

El sol de mediodía

Hay una situación en la que el móvil pierde frente al papel: sol de frente a las dos de la tarde en julio. La pantalla se convierte en un espejo y el cliente acaba llamando al camarero.

Qué ayuda:

  • Un diseño con mucho contraste: fondo claro, texto oscuro y letra grande. Una carta con fondo oscuro y letra fina es elegante dentro e ilegible fuera.
  • El QR en la sombra de la sombrilla, en soporte de pie y de material mate.
  • Una carta impresa para las mesas al sol, sacada del PDF de la misma carta, para que no diga precios distintos.

El viento

En una terraza con viento, la carta de papel vuela, el díptico se cae a la acera y el mantel de papel acaba en la calle. Es el caso contrario al del sol: aquí el QR en un soporte con peso, o atornillado a la mesa, es lo que mejor aguanta. Y nadie tiene que perseguir cartas por la calle.

El frío y la noche

La terraza en invierno, con estufas, o la de verano a las once de la noche tienen otro problema: poca luz. Con un QR, el cliente lee la carta en la pantalla de su móvil, que trae su propia luz. Es justo la situación en la que la carta digital gana claramente a la de papel. Merece la pena comprobar que el QR se lee con la luz de la terraza de noche, porque una lámpara cálida y tenue lo pone más difícil a la cámara.

Cuando se llena

Una terraza de veinte mesas llena es donde más se nota un plato agotado. Si se acaba la ensaladilla, apagarla en la carta desde el móvil evita que la pidan veinte mesas y que el camarero lo explique veinte veces. La carta impresa de la mesa al sol seguirá poniéndola, pero ya serán dos o tres conversaciones y no veinte.

Al cerrar la temporada

Si la terraza solo abre unos meses, su carta se apaga al terminar y se vuelve a encender al año siguiente, con los precios revisados. No hay que guardar cajas de cartas que el año que viene tendrán los precios viejos.

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