Blog · Códigos QR

Por qué que el QR no caduque cambia cómo montas la carta

Suena a detalle técnico y es lo que decide cuánto te atreves a cambiar. Si cada cambio costara reimprimir, la carta se quedaría como está.

«El QR no caduca» parece una nota al pie. En realidad es lo que hace que todo lo demás tenga sentido.

Qué significa exactamente

El código apunta a la dirección de tu carta, no a su contenido. Y esa dirección no cambia nunca.

Puedes:

  • Cambiar todos los precios.
  • Rehacer la carta entera.
  • Renombrar las secciones.
  • Añadir un idioma.
  • Cambiar los colores y la tipografía.
  • Borrar la mitad de los platos y meter otros.

Y el código impreso sigue llevando al sitio correcto. Se imprime una vez.

Por qué eso cambia el comportamiento

Piensa en cómo se decide un cambio en la carta cuando hay que reimprimir:

«¿Subo el precio del arroz? Habría que rehacer la carta, mandarla a imprenta, esperar tres días y son ciento veinte euros. Lo dejo para la próxima.»

Y así, «la próxima» es dentro de ocho meses.

Cuando cambiar no cuesta nada, la carta deja de ser un documento y pasa a ser algo vivo:

  • Se prueba un plato nuevo una semana.
  • Se sube un precio el día que sube el proveedor.
  • Se reordena la sección para ver si vende más.
  • Se apaga lo que no funciona.

Lo que sí conviene gastar

Como el código se imprime una vez, merece la pena el soporte. Un metacrilato decente en la mesa dura años. Las pegatinas baratas se despegan, se manchan de grasa y a los tres meses hay que rehacer todas.

Y para la imprenta, siempre SVG o PDF: no pierden calidad por mucho que se amplíen, así que el mismo archivo vale para la pegatina de tres centímetros y para el cartel de medio metro.

La única vez que hay que reimprimir

Si cambias de dominio. Es decir, casi nunca — y si pasa, se avisa con tiempo.

Por lo demás: una tirada, y a olvidarse.

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