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La carta de postres: la que se enseña cuando ya han decidido no tomar postre

El postre se decide en treinta segundos y con la mesa a medio recoger. Cómo montar esa sección para que se pida más de lo que se pide.

El postre es el plato con más margen y el que peor se vende. Y casi siempre por el mismo motivo: se ofrece tarde y mal.

El camarero pregunta «¿postre?» con la mesa a medio recoger, y la respuesta por defecto es no.

La ventaja de la carta digital aquí

El cliente puede ver los postres durante toda la comida. Están en la misma carta que ha tenido abierta desde el principio.

Y eso cambia la decisión: quien ha visto la tarta de queso al empezar, cuando llega el momento ya la quiere.

Cómo montarla

Sección de portada propia, no escondida al final de la carta principal. Aparece en la primera pantalla junto a las demás.

Y aquí sí, foto en todos. Es la única sección donde eso funciona: los postres se piden por la vista más que ninguna otra cosa.

Lo que hay que escribir

En la descripción corta, lo que lo distingue: «Hecha aquí, cuajada de horno, sin base».

En la larga, si el postre es tuyo de verdad: la receta, de quién es, cuánto tarda en hacerse.

Y el dato que más se pregunta y menos se pone: si es para compartir.

Los que se hacen al momento

Un soufflé o una torrija caliente tardan. Ese dato en la descripción corta —«12 minutos, se pide al principio»— es lo que hace que alguien lo pida al empezar en vez de descartarlo al final.

Los alérgenos, que aquí están en todo

Gluten, huevo, leche, frutos de cáscara, soja. En postres los alérgenos están en casi todos los platos, y es la sección donde más se pregunta.

Y las etiquetas propias: «Sin gluten», «Vegano», «Sin lactosa». En postres, tener una opción de cada suele ser lo que decide si la mesa pide cuatro postres o ninguno.

Los cafés y los licores, al lado

Es la misma decisión. Si la sección de postres lleva debajo los cafés y los digestivos, sube el ticket sin que nadie tenga que ofrecer nada.

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