Cómo escribes los precios cambia lo que se pide, y casi nadie lo decide: se hereda de la plantilla que se usara.
La columna de la derecha
En las cartas clásicas los precios van alineados a la derecha, en columna, con puntos hasta llegar. Es bonito y tiene un efecto: se puede leer la columna sola.
Y cuando alguien lee solo los precios, elige por precio. Que es exactamente lo que no quieres.
Lo que funciona mejor: el precio pegado al plato, no alineado en una columna. Obliga a leer el nombre para llegar al número.
El símbolo del euro
Quitarlo suena a manía y está medido en varios estudios de sala: sin el símbolo, el número se lee como una cifra y no como un gasto.
En Gestión › Ajustes › Diseño de la carta › Personalizar PDF se decide si sale o no. Merece la pena probarlo en la carta y ver qué pasa en Analytics.
El 9,90 y sus problemas
Funciona en supermercado y en restaurante da otra señal: precio de oferta. En un sitio de menú del día encaja; en uno de producto, resta.
La alternativa que usa la mayoría de las cartas cuidadas: números redondos —12, 18, 24— o con medio euro. Se lee más rápido y da sensación de precio pensado.
El ancla, otra vez
Es lo que más funciona de todo esto. Si en «Carnes» tienes uno de 34 €, el de 24 € deja de parecer caro.
No es un truco: sin referencia el precio se juzga en abstracto; con referencia se juzga comparando. Poner el más caro arriba hace ese trabajo aunque no se venda ninguno.
Cómo probarlo sin arriesgar
En digital cambiar un precio son diez segundos, así que se puede probar de verdad: cambia una cosa, déjala dos semanas y mira en Analytics si ese plato subió de consultas.
Con papel esto no se puede hacer, y por eso los precios de la mayoría de las cartas llevan años sin revisarse más allá de subirlos.
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