Hay dos descripciones por plato y sirven para cosas distintas. Usarlas al revés es el error más común de una carta digital.
- La corta se lee en el listado, junto al nombre. Es lo que hace que alguien se pare.
- La larga solo aparece al abrir el plato. Es lo que convence a quien ya se paró.
La corta: una línea, y no es la lista de ingredientes
El error típico es poner los ingredientes: «Ternera, patata, pimiento, cebolla». Eso no vende nada, porque no dice qué lo hace distinto.
Lo que funciona en una línea:
- Cómo se hace: «Cocinado ocho horas a baja temperatura».
- De dónde es: «De la lonja de esta mañana».
- Para cuántos: «Para compartir entre dos».
- El detalle raro: «Con la salsa de la abuela, que no contamos».
Doce o quince palabras. Si no cabe, va en la larga.
La larga: donde se justifica el precio
Aquí caben cuatro o cinco líneas, y solo las lee quien está a punto de pedirlo. Merece la pena en los platos caros y no en los de nueve euros.
Lo que funciona:
- El productor con nombre. «Queso de la finca de los Hernández» vende más que «queso artesano».
- El proceso, si es largo o poco común.
- La historia, si la hay de verdad. Si no la hay, no te la inventes: se nota.
- Con qué va. Recomendar un vino de tu propia carta ahí es la venta cruzada más barata que existe.
Lo que sobra siempre
- Los adjetivos sin dato: «exquisito», «delicioso», «de primera calidad». Los dice todo el mundo y no significan nada.
- «Elaborado con mimo».
- Repetir el nombre del plato dentro de su propia descripción.
- Los ingredientes completos, salvo que sean el argumento.
Y una regla que ahorra tiempo
No todos los platos necesitan descripción larga. Un plato de nueve euros que todo el mundo conoce no la necesita. Escribirla es tiempo que no vas a recuperar.
Empieza por los diez que más margen te dejan y los que nadie entiende por el nombre. Con esos veinte, la carta ya trabaja.
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