Cocina del mundo: cuando la carta tiene que oler a lo que sirves
Un indio, un japonés y una taberna gallega no pueden tener la misma carta. Cómo se viste una carta digital con la identidad del restaurante sin tocar una línea de código.
Entras en un restaurante indio en Barcelona. Las paredes tienen color, huele a cardamomo y a mantequilla clarificada, y la música no es la de un bar de menú del día. Sacas el móvil, escaneas el QR de la mesa… y aparece una lista blanca con letra de formulario.
Ese salto rompe algo. El local lleva años construyendo una atmósfera y la carta la desmonta en dos segundos.
La carta es parte del comedor, no un anexo
En papel esto se entiende sin discusión: nadie imprime la carta de un japonés en el mismo folio que la de una sidrería. Se elige el papel, la tipografía, si va en negro sobre crema o en blanco sobre negro.
Con la carta digital pasa lo mismo, solo que se puede cambiar las veces que haga falta y no cuesta una imprenta.
En Gestión › Ajustes › Diseño de la carta se toca:
- Los colores: el fondo, el texto, los precios y los títulos de sección.
- La tipografía, que es lo que más carácter da. Una serif estrecha no dice lo mismo que una redonda de palo seco.
- La imagen de cabecera, que es lo primero que se ve al escanear.
- Los separadores entre secciones y el tamaño de las fotos.
Lo que pesa en un restaurante de cocina del mundo
Hay tres cosas que en un indio, un japonés o un mexicano importan más que en un restaurante de menú.
Los nombres no se explican solos
Rogan josh, dal makhani, yakiniku, cochinita pibil. Quien no conoce la cocina no sabe qué está pidiendo, y en papel no hay sitio para explicarlo sin llenar la hoja de letra pequeña.
Aquí cada plato tiene dos descripciones: la corta, que se lee en el listado, y la larga, que solo aparece al abrir el plato. Ahí caben las tres líneas que hacen falta para contar qué es un rogan josh sin que la carta parezca un libro.
El picante hay que decirlo
Y no es un alérgeno, así que no está en la lista oficial. Para eso están las etiquetas: las creas tú, con su color, y las marcas en los platos que quieras. «Picante», «Muy picante», «Vegano», «Sin cerdo», «Halal».
Salen en la carta con el color que les hayas puesto, y el texto se pone claro u oscuro solo, según lo que se lea mejor encima.
Media mesa no habla español
Un restaurante de cocina del mundo en una zona turística recibe gente en cuatro idiomas. La carta lleva los idiomas que contrates, y quien llega con el móvil en inglés la ve en inglés sin tocar nada.
Traducirla entera es un botón. Eso sí: repásala. Con los nombres propios la traducción automática se equivoca, y un Rogan Josh traducido literalmente queda entre gracioso y preocupante.
Lo que no cambia
El QR. Puedes rehacer el diseño entero, cambiar la paleta tres veces y añadir un idioma, y el código impreso sigue valiendo. Se imprime una vez.
Eso es lo que permite atreverse: probar una carta más oscura para la noche y volver atrás si no funciona no cuesta más que el rato de tocarlo.
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