Blog · Códigos QR

Los cinco sitios donde poner el QR (y tres donde no)

La mesa es el evidente y el que menos rinde por sí solo. Los otros cuatro puntos que casi nadie usa y los tres sitios donde el código no se escanea.

Casi todo el mundo pone el QR en la mesa y ya está. Funciona, pero la mesa solo captura a quien ya se ha sentado. Los otros cuatro puntos hacen un trabajo distinto.

1. La mesa

El evidente. Dos cosas que cambian el resultado:

  • En el centro, no en la esquina. En la esquina acaba tapado por el cesto del pan o el servilletero.
  • De pie, no plano. Un soporte en ángulo se escanea sin que nadie se levante ni gire el móvil. Una pegatina plana obliga a inclinarse encima de la mesa.

2. La puerta

Este hace otro trabajo: no es para pedir, es para decidir si entrar. Quien pasa por delante quiere saber los precios antes de sentarse.

Si en la puerta solo hay «Menú del día 14 €», estás perdiendo a todo el que quería ver qué lleva. Un QR ahí, grande —quince centímetros— y a la altura de los ojos.

3. La barra

Para quien toma algo de pie y no va a sentarse. Es el punto que más se olvida y el que más sorprende cuando se miran las estadísticas: en bares de tapas suele ser el segundo más usado.

4. La terraza

Y no es el mismo que el de dentro necesariamente: la terraza tiene sol, y con sol una pantalla se ve mal. Ahí el papel sigue ganando, pero el QR sirve para el que quiere ver la carta completa o los alérgenos.

5. La bolsa del pedido para llevar

Este es el que casi nadie usa. Una pegatina en la bolsa o en el ticket convierte un pedido de plataforma en un cliente que la próxima vez te llama a ti.

Y tres donde no

Detrás de un cristal con reflejo. El escaparate con sol de frente no se escanea. Ponlo por dentro solo si no le da el sol.

A más de dos metros de altura. El móvil apunta hacia arriba, la cámara pierde el enfoque y el cliente se rinde.

Sobre plástico brillante. El laminado brillante refleja la luz del techo justo encima del código.

Cómo saber cuál funciona en tu local

No hace falta adivinarlo. Durante dos semanas, pon el QR en los cinco puntos y mira la analítica de la carta: a qué horas se abre y desde dónde llega la gente. Si casi todas las visitas son a la hora de comer y desde la mesa, la puerta no está haciendo su trabajo y quizá el cartel esté mal colocado o sea pequeño. Si por la tarde hay visitas y nadie se sienta, es gente que mira desde la puerta y decide no entrar: ahí el problema es lo que ve, no el QR.

Dos ajustes que suelen mover las cifras:

  • Una frase al lado del código. «Carta, alérgenos y precios» funciona mejor que un QR solo, porque dice para qué sirve escanearlo.
  • El camarero lo menciona una vez. «La carta la tienes en el código, y si quieres te la canto.» El cliente que no sabía que estaba ahí lo usa a la segunda visita.

El tamaño, el material y el archivo que hay que mandar a la imprenta están en la guía para imprimir el QR.

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