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Quién toca la carta: el problema de organización que nadie prevé

Si todo el mundo puede cambiar precios, alguien lo hará mal un sábado. Si solo puede el dueño, la carta no se actualiza. Cómo se resuelve.

Cuando una carta se cambia en diez segundos, aparece una pregunta que con el papel no existía: ¿quién puede cambiarla?

Con imprenta, la respuesta era obvia: el que paga la imprenta. Ahora cualquiera con acceso puede subir un precio desde el móvil.

Los dos extremos, y por qué fallan los dos

Todo el mundo puede tocar todo. Suena ágil hasta el sábado en que alguien apaga una sección entera por error y nadie sabe quién ni cuándo.

Solo el dueño. Suena seguro hasta el martes en que se acaba el pulpo, el dueño está fuera y nadie puede apagarlo.

Lo que funciona en la práctica

Repartirlo por lo que se hace todos los días y lo que se hace cuatro veces al año:

Todos los díasCuatro veces al año
Apagar un plato agotadoCambiar precios
Encender lo del díaCrear o borrar platos
Poner el menú del díaCambiar la estructura de secciones
Tocar el diseño

Lo de la izquierda lo hace quien esté en el turno. Lo de la derecha, una persona.

La conversación que hay que tener antes

Tres preguntas, y conviene contestarlas el primer día:

  1. ¿Quién pone el menú del día? ¿Cocina o el encargado?
  2. ¿Quién cambia precios? Y sobre todo: ¿avisa a alguien?
  3. ¿Quién revisa que no se haya quedado nada apagado?

Esa tercera es la que más se olvida. Un plato apagado un martes por la noche y no encendido el miércoles no lo ve nadie: simplemente deja de venderse.

La costumbre que lo resuelve

Una mirada rápida a la carta al abrir, desde el móvil, como quien mira la cámara. Treinta segundos.

Es la misma costumbre que ya existe con la pizarra: alguien comprueba que dice lo de hoy.

Y una ventaja del papel que conviene no perder

La carta impresa tenía algo bueno: era la misma para todos, y cualquiera podía verla entera de un vistazo.

Con la digital, conviene que alguien la abra como cliente de vez en cuando —escaneando el QR de una mesa— en vez de mirarla siempre desde el panel. Lo que se ve desde ahí no siempre es lo que ve el que se sienta.

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