El nombre de un plato hace tres trabajos a la vez: decir qué es, hacer que apetezca y poder buscarse. Casi todas las cartas fallan en uno de los tres.
Los dos extremos que no funcionan
El demasiado descriptivo. «Pechuga de pollo con patatas fritas» dice qué es y no apetece nada. Se lee como una lista de la compra.
El demasiado poético. «El sueño del huerto en primavera» apetece y nadie sabe qué es. Y quien no sabe qué es, no lo pide.
Lo que funciona: nombre corto + descripción
El nombre dice qué es, en tres o cuatro palabras. La descripción corta hace el resto.
| Mal | Bien |
|---|---|
| Pechuga de pollo con patatas fritas | Pollo de corral · con patatas a lo pobre y ajos |
| El sueño del huerto | Verduras a la brasa · de la huerta de Aranjuez, con romesco |
| Nuestro arroz especial | Arroz de setas y foie · meloso, para dos |
Lo del ingrediente principal, primero
Es lo que se busca y lo que se lee. «Arroz de bogavante» y no «Bogavante, arroz meloso y su fondo».
Y en el móvil, donde el título se corta si es largo, las primeras tres palabras son las únicas seguras.
Los nombres de la casa
Si un plato lleva el nombre del abuelo o del pueblo, funciona si va acompañado:
Croquetas de la Marina · de jamón, receta de mi madre
El nombre propio da carácter y la descripción resuelve la duda. Uno solo de los dos, no.
Para que se pueda buscar
Google no busca «el sueño del huerto». Busca «verduras a la brasa» y el nombre de tu ciudad.
Un nombre que incluye el ingrediente principal es un nombre que puede aparecer en una búsqueda. Y eso, multiplicado por ochenta platos, es contenido real de tu carta que Google puede leer.
La prueba
Enséñale la carta a alguien que no conozca tu cocina y pregúntale qué es cada plato.
Los que no sepa contestar necesitan una descripción mejor, no un nombre más bonito.
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