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Los nombres de las secciones: dónde el ingenio resta

En el nombre de un plato el ingenio puede sumar. En el de una sección, casi siempre resta. Por qué, y las excepciones.

«Para empezar el viaje», «Del mar a tu mesa», «Momentos dulces». Casi todas las cartas con pretensiones renombran las secciones.

Y casi siempre es un error, por un motivo muy concreto.

Las secciones no se leen: se usan

Un nombre de plato se lee. Un nombre de sección se usa para navegar: el cliente busca dónde están los postres y va.

Cuando el nombre no es evidente, esa navegación se rompe. Y en el móvil, donde solo se ve una pantalla, romper la navegación significa que no se llega abajo.

Lo que funciona

Los de toda la vida: Entrantes, Ensaladas, Arroces, Carnes, Pescados, Postres, Bebidas, Vinos.

Aburridos y perfectos. Se entienden en medio segundo y en cualquier idioma.

Las dos excepciones

1. Cuando el nombre es parte de la casa. Si tu sección de raciones se llama «El picoteo de la Marina» y lleva veinte años llamándose así, eso no es ingenio: es identidad.

2. Cuando la sección no tiene nombre estándar. Si vendes algo que no encaja en las categorías de siempre, tienes que inventar un nombre, y ahí sí conviene que sea claro y propio.

La regla práctica

Uno o dos con nombre propio, el resto normales. Una carta donde las ocho secciones tienen nombre poético es una carta que no se navega.

Lo que sí conviene cuidar

El orden. Es lo que de verdad decide, más que el nombre. Cuatro o cinco secciones de portada, con lo que quieres vender arriba.

La longitud. Si una sección pasa de ocho platos, se parte. Y ahí sí hacen falta nombres para las subsecciones: «Carnes» → «A la brasa», «Guisos», «Para compartir».

Esos nombres nuevos deben ser igual de evidentes.

Y para el turista

Un nombre de sección poético traducido automáticamente queda entre raro y absurdo. «Del mar a tu mesa» en cuatro idiomas son cuatro oportunidades de que quede mal.

Los nombres normales se traducen bien y no dan sorpresas.

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